El pasado 24 de marzo, el Hotel Monumento San Francisco de Santiago de Compostela acogió una cita multitudinaria y a la vez trascendente para el mundo del vino en la región: la feria Galicia Wine Taste. Un encuentro diseñado para mostrar la esencia de una viticultura pequeña, precisa, cargada de alma. Allí se dieron cita unas cincuenta bodegas —pequeñas, de garaje, familiares, auténticas— que han hecho del vino una expresión directa de su tierra y de su memoria.
Vargas tuvo el honor de ser uno de los patrocinadores de este evento, reafirmando así su compromiso con los proyectos que entienden el vino como cultura y como paisaje.
Participar en esta feria no fue un gesto accesorio: fue una manera de tender un puente entre territorios, de mostrar que la madera, la viña y el vino comparten un mismo lenguaje. En un espacio cargado de historia como el antiguo convento de San Francisco, donde las piedras parecen contener siglos de silencio y canto, Vargas llevó un detalle simbólico, casi ritual: un estuche de madera diseñado exclusivamente para cada una de las bodegas participantes.
El estuche: madera como memoria
El obsequio no era un simple objeto, sino una pequeña pieza de artesanía pensada para perdurar. Cada estuche contenía un conjunto de posavasos grabados con ilustraciones únicas, creadas por el Director Creativo de la casa, César León, que fusionaban dos paisajes en apariencia distantes pero profundamente hermanados: las viñas de Rioja y los monumentos de Galicia. De este modo, las cepas retorcidas de Tempranillo parecían abrazar la silueta de la Catedral de Santiago o los renques de viñedo circunvalaban las murallas de Lugo.
El resultado fue una especie de cartografía simbólica donde cada bodega podía reconocerse en el cruce de caminos: el camino del vino, el camino de la madera, el camino de la historia compartida. Vargas quiso con ello rendir homenaje a la unión de culturas vinícolas que, aunque separadas por geografías distintas, se nutren de la misma pasión por lo artesanal, lo auténtico y lo irrepetible.
El valor de lo pequeño
La feria Galicia Wine Taste es, en sí misma, un manifiesto: reivindica la importancia de los proyectos de escala humana. Bodegas que no buscan competir en cifras, sino emocionar con su singularidad; vinos que no se miden por hectolitros, sino por el recuerdo que dejan en quien los prueba. En este contexto, la aportación de Vargas cobra un sentido mayor: apoyar lo pequeño, proteger lo frágil, dar voz a quienes trabajan con paciencia y cuidado.
La madera elegida para los estuches y posavasos no es un material neutro. Está certificada en origen y trabajada con la misma filosofía con que una bodega mima su parcela más especial. Así como una cepa vieja encierra en su crecimiento la memoria del clima y de los años pasados, la madera conserva la huella de los bosques de los que procede. Vargas quiso recordar que cada decisión de diseño, cada gesto material, puede convertirse en una metáfora de sostenibilidad y respeto por el entorno.
Los bodegueros recibieron el regalo con la sonrisa de quien entiende que la belleza de lo pequeño también alimenta el espíritu. No era un objeto para usar y olvidar, sino para guardar y recordar, como se guardan las botellas especiales para momentos significativos. Vargas quiso sembrar así una memoria compartida: la de haber estado allí, en Santiago, en una feria que apostó por lo auténtico y lo humano.
Un futuro tejido de vínculos
Para Vargas, la participación en Galicia Wine Taste no termina en marzo. Forma parte de un relato mayor: la construcción de un futuro donde la madera, la naturaleza y el vino se entrelazan en experiencias que hablan de cultura y de paisaje. El gesto de regalar un estuche a cada bodega es, en definitiva, un símbolo de esa misión: crear vínculos duraderos, donde cada pieza, cada botella, cada encuentro, construya un patrimonio común.






